El Mar De Los Monstruos by Rick Riordan

El Mar De Los Monstruos by Rick Riordan

Author:Rick Riordan
Language: es
Format: mobi
Tags: juvenil, Fantasía
Published: 2010-05-03T23:00:00+00:00


* * *

—Esto me huele muy mal —murmuró Annabeth.

Estábamos agazapados detrás de un árbol y mirábamos aquella tienda de dónuts en medio de la maleza. Parecía bastante nueva, con unos escaparates muy bien iluminados, una zona de aparcamiento y un estrecho camino que se internaba en el bosque. Pero no había nada más en los alrededores, y tampoco coches en el aparcamiento. Vimos sólo a un empleado que leía una revista detrás de la caja registradora. El letrero de la marquesina, con unas enormes letras negras que incluso yo podía descifrar, ponía: DÓNUTS MONSTRUO.

Un ogro de tebeo le estaba dando un mordisco a la última «O». El sitio olía muy bien, nos llegaba el típico aroma de dónuts de chocolate recién hechos.

—Esto no debería estar aquí —susurró Annabeth—. Hay algo que no encaja.

—Es sólo una tienda de dónuts —dije.

—¡Chist!

—¿Por qué cuchicheas? Tyson ha entrado y ha comprado una docena. Y no le ha pasado nada.

—Él es un monstruo.

—Venga ya, Annabeth. Dónuts Monstruo no significa que sean sólo para monstruos. Es una cadena. En Nueva York hay varios.

—Una cadena —repitió ella—. ¿Y no te resulta extraño que aparezca un local así inmediatamente después de pedirle a Tyson que fuera a buscar dónuts? ¿Aquí, en medio del pantano?

Pensé en ello. Sí parecía un poquito raro, pero bueno, las tiendas de dónuts no ocupaban un puesto muy destacado en mi lista de amenazas siniestras.

—Podría ser una guarida —dijo Annabeth.

Tyson soltó un gemido. No creo que entendiese a Annabeth más de lo que yo la entendía (que no era mucho), pero su tono había conseguido ponerlo nervioso. Se había zampado media docena de dónuts de la caja y tenía la boca embadurnada de azúcar.

—Una guarida ¿para qué? —pregunté.

—¿Nunca te has preguntado por qué proliferan tan deprisa las tiendas que funcionan con una franquicia? —repuso—. Un día no hay nada y al otro día... ¡zas!, aparece una hamburguesería, o un café, o lo que sea. Primero un local, luego dos, cuatro... Réplicas exactas diseminándose por todo el país.

—Hummm... Pues nunca lo había pensado.

—Percy, si algunas cadenas se multiplican a tanta velocidad es porque sus sucursales están conectadas de un modo mágico a la fuerza vital de un monstruo. Algunos hijos de Hermes se las ingeniaron para hacerlo en la década de mil novecientos cincuenta. Criaron... —Se quedó petrificada.

—¿Qué? —pregunté—. ¿Qué criaron?

—No hagas... movimientos... bruscos —dijo como si su vida dependiera de ello—. Muuuy despacio, date la vuelta.

Entonces lo oí: una especie de roce, como de algo enorme arrastrándose entre el follaje.

Me di la vuelta y vi una cosa del tamaño de un rinoceronte deslizándose entre las sombras de los árboles. Emitía un potente silbido y su mitad delantera se retorcía en todas direcciones. Al principio no entendí lo que veía. Luego comprendí que aquella cosa tenía múltiples cuellos: al menos siete, cada uno rematado con una sibilante cabeza de reptil. Tenía la piel curtida y debajo de cada cuello lucía un babero de plástico con una leyenda: «¡Soy el Monstruo de los Dónuts!»

Saqué mi bolígrafo, pero Annabeth me sostuvo la mirada y me transmitió una silenciosa advertencia.



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